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12月2日 NostalgiaComúnmente, a un grupo de personas nacidas en una misma época se les denomina "generación". No está muy claro si las personas de la misma generación son las nacidas en el mismo año, en el mismo lustro o en la misma década, pero el caso es que el término se utiliza. Existe la generación de los nacidos en el baby boom después de la II guerra mundial, la generación del 68, la generación X y vaya usted a saber cuántas más que ahora no me vienen a la cabeza. A su generación cantaron The Who en los 60, Modestia Aparte en los 80, Limp Bizkit en los albores del nuevo milenio y Beatriz Luengo (la morenita de UPA) el año pasado. Magnífico ejemplo para ilustrar la decadencia de la música popular, por cierto, pero no era eso a lo que iba. Cada generación tiene sus propios referentes, y en la nuestra (pongamos los nacidos a mediados de los 80) el referente más claro son las series de televisión, nos guste o no. Junta a unas cuántas personas de veinte años que no se conozcan de nada, y di "Caballeros del Zodiaco", "Los Fruitis" o "Bola de dragón", (por poner tres ejemplos de las muchísimas series que hay) y en pocos minutos les tendrás a todos cantando estúpidas canciones totalmente entusiasmados. Es un tema muy manido éste de las series, lo sé, pero hoy quiero hablaros de una de ellas que considero especialmente significativa, y que nunca debe desaparecer de la memoria colectiva. Así podremos seguir teniendo tema de conversación cuando no seamos más que un grupo de jubilados que pasan sus días leyendo el periódico y jugando al mus. Naturalmente me refiero a la inigualable serie que llevaba por título Capitán Tsubasa. Ah, que no os suena. Ya. Es que ése era el título original en Japón. Aquí la serie se llamaba Campeones. Tal vez haya alguno que todavía no la sitúe. Venga va, estoy hablando de Oliver y Benji. Ni la serie se llamaba así ni Benji salía demasiado, pero eso decían en la canción y así es como ha pasado a la historia.
¿A quién no le marcó esa serie? En mi clase la veíamos absolutamente todos, y nos pasábamos los recreos intentando emular las sorprendentes jugadas que habíamos visto la tarde anterior. Estamos hablando de los buenos tiempos de Telecinco, cuando los niños merendaban viendo dibujos en vez de A tu lado, y las mañanas de domingo eran amenizadas por grandes hitos televisivos como Pressing Catch y Humor Amarillo. Pero centrémonos en las aventuras futbolísticas de los chavales japoneses. La mayoría de nosotros recordamos las inverosímiles jugadas de los partidos, pero sin embargo, hemos olvidado la historia de los personajes fuera de los campos. Es por ello que en los últimos días he investigado por diferentes webs (ya os dejaré unos links al final) con el objetivo de refrescar mi memoria y poner en su contexto aquellos surrealistas encuentros futbolísticos. Empecemos por el principio. Naturalmente el héroe de toda historia era Oliver Aton. A la tierna edad de doce años, Oliver conoce Benji, que era un portero más chulo que Cañizares y Vitor Baia juntos, el típico que va de sobrao. Tanto es así que en una escena Benji desafiaba a los integrantes de los equipos de diferentes deportes a que le metieran un penalty con sus respectivos balones de juego. Esto incluía una pelota de béisbol. El más impactante era el de rugby o fútbol americano, que le tiraba un penalty, Benji lo iba a parar, pero entonces el balón ovalado, como todos los balones ovalados del mundo botaba en otra dirección. Pero nuestro amigo Benji tras poner cara de susto y ajustarse la gorra en mitad de la palomita, sacaba un pie milagroso que detenía la pelota. Sabemos que Benji era un gran portero porque poseía la cualidad fundamental: cada vez que se estiraba a por un balón se le volaba la gorra.
El caso es que Oliver se gana el respeto de Benji porque le mete un gol, gracias a un centro del mítico Roberto Sedinho. Roberto era un ex-jugador brasileño, un crack de las favelas que había tenido que dejar el fútbol prematuramente por problemas en los ojos, y que deprimido, había desarrollado un serio problema de alcoholismo. El padre de Oliver (que pasaba largas temporadas fuera de casa porque era marinero) le había conocido y le había alojado en su casa porque a Oli le gustaba mucho el fútbol, para que le enseñase y tal. Ojo al dato: le había conocido al salvarle del suicidio cuando Roberto intentaba tirarse por la barandilla del barco. Estoy seguro de que el Foro de la Familia no aprobaría la actitud de un padre que se va de casa durante semanas y en su lugar mete a un desconocido borracho con tendencias suicidas a vivir con su mujer y su hijo, pero eso es lo que hizo.
Roberto aconsejando a Oliver mientras le da a la botella.
Roberto enseñó muchas cosas a Oliver y durante un tiempo entrenó al equipo de su colegio, pero lo cierto es que acabó portándose suciamente, ya que tras prometerle que le llevaría con él a Brasil si ganaba no sé qué campeonato, se fue solo, dejando a nuestro campeón más tirado que una colilla, con los ojos llenos de lágrimas y gritando ¡¡Roberto, llévame contigo!! Solo en Marco se vió un abandono tan cruel como ése. Pero no adelantemos acontecimientos.
Lo primero que enseñó Roberto a sus muchachos fue a celebrar las victorias con un cubata.
En la primera etapa, jugaban entre colegios, de hecho Oliver jugaba contra Benji, pero pronto se unieron todos para jugar el campeonato nacional, formando el único e inigualable New Team, también conocido como Niupi, o a lo mejor son dos distintos, nunca lo he sabido muy bien ya que el tema de los nombres en esta serie es bastante confuso. Repasemos las principales figuras del Niupi (mola más que New Team):
Oliver Aton: El mejor futbolista que haya salido jamás de la isla del Sol Naciente. Teórico delantero, se movía por todo el campo (tan pronto metía tres goles como salvaba balones en la línea), no daba un pase ni aunque le pagaran, y se recorría los kilométricos terrenos de juego en espectaculares e interminables galopadas. La principal característica de Oli es que siempre estaba herido. Vendajes y moratones se apreciaban por doquier en su cuerpo como heridas de guerra, aumentando de forma considerable el grado épico de sus hazañas.
Oliver intercambia su camiseta con Mark Lenders después de la sangrienta batalla...digo del partido.
Tom Baker: El compañero de Oliver, se les conocía como "la pareja de oro". Habilidoso centrocampista con llegada, era nuevo en el barrio y se dio a conocer entrando a un partido desde la grada. Por lo visto no hacía falta estar convocado ni formar parte de la plantilla para jugar. El bueno de Tom viajaba mucho debido a la profesión de su padre, que les hacía mudarse de ciudad constantemente. No, no era un exitoso ejecutivo ni nada que se le parezca...era pintor de paisajes! Entonces, cada vez que llegaba a una ciudad se dedicaba a pintar cuadros de todos los sitios típicos y cuando se le acababan...hacía las maletas. ¿De verdad no se les ocurrió una profesión más creíble que implicara viajar?
El padre de Tom ganándose el pan. Por su paleta podemos apreciar que se dedicaba principalmente a los colores fríos, algo así como la etapa azul de Picasso.
Tom y Oliver se hicieron grandes amigos, y el día que Tom tuvo que marcharse (se le acabaron los paisajes al padre) fue uno de los momentos más emotivos de la serie. Mientras Tom miraba melancólico por la ventanilla de su tren en marcha, apareció Oliver y de un potente chut le mandó un balón firmado por todo el equipo. Oliver estaba como a 100 metros del tren en movimiento, pero Tom recogió el balón con facilidad sacando los brazos por la ventanilla. Ni Ronaldinho tiene esa precisión. Lágrimas corrieron por las mejillas de miles de niños mientras el tren de Tom se alejaba para no volver.
Oliver y Tom tenían una conexión muy fuerte.
Tom y Oliver desarrollando su relación de amistad fuera de los campos.
Benji Price: El portero por excelencia. Al principio se llevaba mal con Oliver, demasiados egos en un solo solar del barrio. Luego pasan a ser del mismo equipo y se toleran, pero los de la serie pronto se dieron cuenta de un problema: para que Oliver pudiera meter cuatro goles por partido era necesario que a su equipo le metieran tres, si no no había emoción. Pero Benji no podía estar recibiendo goles todo el tiempo, eso derrumbaría el mito. Así pues, Benji estaba todo el tiempo lesionado, parecía de cristal el tío. Sólo reaparecía oportunamente para las finales. En su lugar colocaron a un sustituto tan entrañable como lamentable, del que hablaremos más tarde.
Espectacular parada de Benji. Que alguien me explique como ha rematado el delantero descoyuntado que vemos por ahí.
Una de las cosas más extrañas de Benji es que vivía solo, cuando tenía quince años. Probablemente los creadores de la serie no quisieron pasar por el esfuerzo de inventarse unos padres y decidieron que era un chaval muy maduro. Pero ojo, no tan solo, ya que tenía un "entrenador" que iba mucho con él. Un tipo que no inspiraba ninguna confianza, por cierto. Siempre serio y con gafas oscuras, su relación con el tierno adolescente nunca quedó muy clara.
Aquí vemos al "entrenador personal" soltándole una ostia a su pupilo, hecho que probablemente le produjo una lesión.
En un momento dado se decidió que era un canteo que estuviese siempre lesionado, y Benji se marchó una temporadita a Alemania, según he leído por ahí para aprender el estilo de juego europeo. Y yo que pensaba que los porteros jugaban igual en todo el mundo.
Bruce Harper: El clásico tío totalmente torpe pero voluntarioso, que seguía en el equipo porque a todos les daba pena decirle lo malo que era. Este era amigo de Oliver, y estaba todo el rato haciendo gracias estúpidas. Jugaba de defensa, por cierto. Al igual que Pelé tenía la paradinha y Maradona la rabona, Bruce tenía una jugada propia que acababa realizando en todos los partidos: parar el balón con la cara. Sorprendentemente, era el capitán. Probablemente porque llevar el brazalete era la única responsabilidad que podía asignársele sin que la cagara. Otra cosa que hacía mucho era rascarse la nariz.
Un clásico gesto voluntarioso y entusiasta del paquete del equipo.
Bruce en plena realización de su mejor jugada.
Alan Crocker: El pobre chaval que tuvo que asumir el papelón de sustituir a Benji. A pesar de ser el único portero que quedaba, sus compañeros confiaban tan poco en él que le pusieron a prueba en un entrenamiento en el que cada jugador le tiraba diez tiros. Pasó la prueba y se ganó el puesto. Si no la hubiera pasado no sé qué habrían hecho, supongo que Oliver jugaría de portero-delantero, o pondrían a Bruce para que parase con la cara. El caso es que el muchacho no tenía mucho carácter, y en el primer partido Mark Lenders le pegó un balonazo que le dejó seco antes de que el pobre Alan tuviera tiempo de decir "no vale trayonar". Desde ese día Alan se convirtió en el único portero del mundo con miedo al balón, lo que dio lugar a la mítica charla de Oliver, donde pronunciaba esa frase ya convertida en cita histórica: "el balón es tu amigo". Este fue el auténtico portero del Niupi durante la mayoría de los partidos, cantaba siempre y rara vez paraba algo, lo que propiciaba las espectaculares remontadas gracias a Oliver que eran la salsa de la serie.
Alan en una imagen típica. Probablemente el hecho de subirse los pantalones por encima del ombligo le restaba movilidad.
Jugadores de relleno: Naturalmente tenía que haber once tíos, por lo que había por allí unos cuántos pululando. Básicamente se dedicaban a pasarle el balón a Oliver en cuanto podían y a correr un par de metros detrás de él, a modo de guardaespaldas. Alguna vez se iban siete a cubrir a Oliver y uno de estos metía un gol. Estos eran algunos de los más conocidos.
Jack Morris (siempre con una X entre los ojos) - Bob Denver (defensa tosco) - Ted "piños" Carter - Paul Diamond
Hasta aquí el repaso al Niupi. Hablemos ahora de sus rivales, que solían ser más carismáticos que los chicos buenos de Oli.
- El Toho (o Tojú, yo qué sé) Claramente mi equipo favorito. No sé qué daría por tener una camiseta del mítico Toho. Primero se llamaba Muppet, y era el más peligroso rival del Niupi. En su plantilla destacaban claramente tres jugadores:
Mark Lenders: Un mito. El tipo que hizo de la camiseta arremangada todo un símbolo de rebeldía. Mark era un jugador con unas espectaculares condiciones físicas pero no demasiado inteligente. De carácter brusco y difícil, nos lo intentaban vender como el malo, hasta que un día descubrimos su dura situación familiar. Huérfano de padre (no había muchos padres en esa ciudad por lo que parece), tenía que trabajar por las tardes para sacar adelante a su madre y sus hermanos.
Mark también tenía su lado sensible.
Así pues, el tío vivía cabreado con el mundo, y salía al campo siempre con ganas de liarla. Tenía frecuentes disputas con sus entrenadores, lo que le costó ver muchos partidos desde el banquillo. Esto dio lugar a la que es para mí la mejor escena de la serie entera. Mark estaba en el banco cabreado por no jugar cuando de pronto el balón se iba fuera de banda y se quedaba justo delante de él. Con rabia contenida, Lenders se levantó, le pegó una patada y...
¡Sí! ¡Lo incrustó en la pared! Aún sigo esperando ver algo en televisión que me impacte tanto como eso. (También sigo esperando ver algo que alcance tal grado de surrealismo y desprecio por las leyes de la física) Lenders era otro que tenía un entrenador personal, y no sé si es que mezclo cosas, pero creo que también era medio alcohólico, amén de tener un cierto aspecto de mendigo. Los pobres chavales es que no tenían ninguna suerte al buscar sustitutivos de la figura paterna. Algunas de las revolucionarias técnicas de entrenamiento a las que le sometía eran dar patadas a un tronco o tirar pelotazos contra las olas del mar. Supuestamente así aumentaba la potencia de su disparo, pero yo creo que sólo servía para que se le terminara de ir la olla.
En fin, un jugadorazo, cada vez que hacía el tiro del tigre Alan se iba a merendar. Pero lo que le hacía aún más grande es que a su lado tenía a...
Danny Mellow: La mano derecha de Lenders, y el auténtico cerebro del Toho. Un fino estilista que hacía jugar al equipo, al estilo de Xavi en el Barça. Siempre en segundo plano, era el contrapunto perfecto a la fuerza arrolladora de Lenders. Era además el precursor de Beckham y Torres en la moda de cambiar de peinado según la época.
Mellow en su versión rapada
Mellow con más pelou (mátenme)
Es imposible hablar del Toho sin recordar a su incomparable guardameta, el único e inigualable Ed Warner. Este tío se dedicaba al kárate antes que al fútbol, y aplicaba sus habilidades de artes marciales a la hora de detener balones. Sólo con eso debería estar todo dicho. Vaya genio. A menudo ha sido comparado con el Mono Burgos, por sus salvajes melenas y el espectáculo que brindaba a la afición.
Super Ed vuela en busca del balón en una de las pocas imágenes en las que el pelo no le tapa media cara.
Su jugada estrella consistía en lo siguiente: cuando le tiraban un balón ajustado al palo y veía que no iba a llegar, iba corriendo hacia el poste contrario, se impulsaba en él, y se lanzaba hacia el otro extremo. La evidencia de que recorría más del doble de espacio que yendo directamente hacia el balón (al que supuestamente no llegaba) no restaba ni un ápice de espectacularidad a la acrobacia.
Nótese su calidad: a él también se le volaba la gorra.
Pero no era el Toho el único rival difícil del Niupi. En nuestros corazones hay hueco para muchos otros equipos cuyos líderes también eran enormemente carismáticos:
El Otomo: Este equipo estaba liderado por Patrick Everett, cuya principal arma era el tiro del tigre. Sin embargo, lo mejor de esta potente escuadra era su línea defensiva. ¿Por qué? Porque dominaban una terrible y desconocida táctica...el fuera de juego. La primera vez que la defensa se adelantó y se escuchó el pitido del árbitro cuando Oliver se las prometía muy felices al recibir solo, el silencio se hizo en el estadio. Entre murmullos, caras de sorpresa e intercambio de miradas de confusión surgió la voz de Roberto Sedinho, que en voz baja pero firme dijo: Están utilizando la táctica del fuera de juego. Lo dijo como quien revela un terrible secreto milenario del que pensaba que nunca tendría que volver a hablar. ¿Cómo podían haberse jugado cientos de partidos sin que se pitase un solo fuera de juego? No lo sé. Pero las que montaban después Oliver y Tom para no caer en la trampa eran espectaculares.
Confieso que no estoy 100% seguro de que fuera el Otomo el del fuera de juego pero en algún sitio tenía que contarlo.
Everett, entre tiros del águila, disfruta del espectáculo del fuera de juego con una media sonrisa de superioridad.
El Hot Dog: Me cuesta creer que este equipo se llamara así, pero es lo que he leído. En cualquier caso lo importante de esta escuadra es que en ella estaba la pareja de jugadores más recordada de la historia: los Hermanos Derrick.
Los dientes de conejo más famosos del fútbol mundial.
Ojo porque esto ya son palabras mayores. Las mentes privilegiadas de los gemelos parieron jugadas tan míticas como la de subirse al larguero, el tiro combinado y sobre todo, la catapulta infernal, claramente la mejor jugada de la historia del fútbol. Lo de subirse al larguero era un fuera de juego evidente, pero debió ser antes de que descubrieran que eso existía. Por su parte, el tiro combinado fue el causante de múltiples lesiones en los patios de colegio, ya que todos nos empeñábamos en hacer la jugadita de los cojones, e invariablemente uno de los dos acababa pateando el tobillo del otro.
Los Derrick haciendo el tiro combinado. O tenían los pies muy pequeños o el balón era muy grande.
Oliver y Tom plagiando de forma descarada y sin ningún tipo de vergüenza.
Pero vamos, como la catapulta infernal, nada. El propio nombre, "infernal", ya es la leche. Para aquellos que pasaran su infancia en una cueva, lo explico: uno de los hermanos se tira al césped de espaldas y comienza a deslizarse mirando hacia el cielo. Entonces el otro llega corriendo y...bueno, es imposible describir su grandeza por escrito, así que he optado por subir a You Tube un espectacular vídeo donde podéis ver la jugada entera (con doblaje italiano, pero eso es lo de menos). Hay quien dice que no está claro porque era necesario que los gemelos gritaran "¡Catapulta infernal!" al hacerlo, como para que todo el mundo se enterase de que la jugada tenía nombre. También hay quien ha apuntado que montar toda esa historia para conseguir un remate de cabeza a treinta metros de la portería realmente no parece tener mucho sentido. Pero en serio ¿a quién le importa eso?
No tengo palabras.
El Flynet: En este equipo (que a menudo vestía una muy poco masculina equipación rosa) destacaba Phillip Callaghan. El tío en sí no tiene demasiado interés. Lo más curioso que se puede decir es que tenía una amiga llamada Jenny que estaba enamorada de él, y antes del partido decisivo contra el Niupi, les hacía a todos los jugadores una especie de cinta para que se la pusieran en la cabeza al estilo samurái.
Jenny dándole la cintita visiblemente azorada, no sé si por la presencia de su amado o por la gilipollez que estaba haciendo.
Ya las podían haber recortado un poco, que les cuelgan por la espalda.
Estos no tenían ninguna jugada especial, así que fueron eliminados y cayeron en el olvido. Al final del último partido, Phillip se daba cuenta de que Jenny estaba enamorada de él y corría al aeropuerto, porque casualmente la chica se iba a EEUU. La alcanzaba antes de que se fuera, pero ella se iba igual. Creo que tomó la decisión correcta porque éste era de los más pardos de la serie.
El Mambo: Joder, lo de los nombres de los equipos es brutal. En fin, aquí encontramos a otro grande, nada menos que Julian Ross. Julian era un gran jugador que ocultaba un terrible secreto: estaba gravemente enfermo del corazón, por lo que no podía jugar un partido entero. Como mucho medio tiempo, y eso ya le causaba dolores y desmayos. Pero vamos a ver...¿este chaval no tenía a nadie que le dijera que en esas condiciones no se puede hacer deporte? ¿Qué opinaban sus padres? ¿Asumían la posibilidad de ver morir a su hijo en un campo de fútbol como uno de tantos pequeños inconvenientes de la vida?
Entre infarto e infarto Julian encuentra tiempo para hacer una chilena.
Le apodaban "El Príncipe", y era de los más queridos por los aficionados. Más adelante iría con la selección de Japón como segundo entrenador (supongo que sólo convocaban a jugadores capaces de aguantar un partido entero) pero en un partido salía a jugar los últimos cinco minutos y metía el gol de la victoria. Genio y figura hasta la sepultura, y nunca mejor dicho, ya que siguió jugando al fútbol toda su vida a pesar de los problemas de corazón, hasta que uno de tantos infartos se lo llevó a los 58 años, cuando estaba jugando una pachanguita con amigos. Le pusieron una placa en el campo donde murió y todo.
Habréis notado que no he nombrado a ningún personaje femenino. Es que casi no había, algo bastante normal si consideramos que era una serie sobre fútbol y encima hecha en Japón. Sólo se puede hablar de la buena de Patti.
Esta chica iba detrás de Oliver, pero a él parecía no importarle. La muchacha era la primera animadora del equipo, curaba a Oliver cuando se lesionaba, le hacía el bocata...pero nada, él pasaba. No sé hasta qué punto tiene algo que ver esta actitud de Oli hacia Patti con las fotos que puse al principio en las que se le ve con Tom.
Patti recurre a un astuto truco para llevarse a Oliver a la cama.
En fin, había muchos más personajes, pero es imposible comentarlos todos. Creo que gran parte del éxito de la serie se debe a la gran cantidad de personajes carismáticos que había. Luego se hicieron más series como continuación de la saga, en las que entre otras cosas, había encuentros internacionales de la selección de Japón y los protagonistas fichaban por diversos clubes europeos. En el partido en que Japón jugaba contra España, para justificar la derrota de los nuestros, los dobladores metieron un montón de cuñas haciendo referencia a que los españoles tenían muchas bajas y no podían contar con sus mejores jugadores, qué cachondos. Por otra parte es bien sabido que Oliver acabó en el Barça, pero por si queda alguien que piensa que eso es una leyenda, ahí van un par de imágenes de su presentación como culé.
Pase lo de "Brancos", pero es imperdonable que no pusieran a Gaspart por ahí.
Oliver busca los famosos mosaicos del Nou Camp, pero ese día no había.
En fin, todo un hito de las series televisivas. Injustamente, últimamente sólo se le recuerda por sus evidentes diferencias con el fútbol real. Balones que se deformaban, el campo cuesta arriba, jugadores que tardaban un minuto en tirar a puerta porque subían la pierna hasta el cogote y nadie se la quitaba, entradas desde 15 metros para robar un balón, equipos infantiles jugando en enormes estadios abarrotados... Sí, pueden hacerse muchas gracias sobre eso, y todas son divertidas, pero por encima de todo, Oliver y Benji es un símbolo generacional y debe ser respetado y adorado. Porque cada vez que vuelvo a escuchar la intro de la serie, con el "Óoa oa oa oóoó oa oa oa" se me ponen los pelos de punta, porque cuando el Alzheimer haga mella en mí y olvide hasta mi nombre, estoy seguro de que seré capaz de recordar todas y cada una de las siguientes palabras:
Allá van con el balón en los pies, ¡A los dos!
Por cierto que luego había otras dos estrofas mucho menos recordadas, en un sorprendente tono épico y patriótico: Y ahora, para terminar, unas cuántas imágenes que reflejan la estética y la grandeza de la serie y que me han sorprendido. Si queréis más información, la mayoría de los datos y fotos los he sacado de La página de Captain Tsubasa y de Holly e Benji due fuoriclasse. Espero que todos vosotros os unáis a mí en la tarea de preservar la memoria de este pedazo de nuestra historia.
Seis tíos a por el balón con los tacos por delante. Con dos cojones.
Astuta táctica: bloquear el ángulo de visión del rival.
Turbadora escena de violencia que no sé muy bien de qué va.
Un clásico.
Los jugadores volando: otra escena habitual.
Entrañable el absoluto desprecio por las proporciones.
Lo dicho, muy entrañable.
Tiro del águila.
Tiro del tigre.
Tiro del puma.
¿Pero esto qué es?
Mítico comienzo. |
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